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Matar mosquitos a cañonazos

Esta es la expresión que utilizó la diputada socialista Alicia Vanoostende en la Comisión de Transición Ecológica el 28 de julio pasado al referirse al proceso en marcha de los grupos de emergencia. Y no es para menos: al discurso del consejero Hernández Zapata sobre esta cuestión le están apareciendo fisuras cada vez más evidentes. Veamos por qué.

En primer lugar, es difícil seguir ignorando los potenciales peligros y riesgos para la salud y la calidad de vida de los vecinos “sacrificados” por esta política miope de la Consejería en lugares como La Zamora, Salinetas y Clavellinas. Porque, de entre todas las opciones disponibles, la Consejería ha optado por la alternativa menos precisa, menos sostenible, más costosa y más peligrosa para abordar un problema coyuntural en los sistemas eléctricos canarios. No otra cosa son estos grupos de emergencia alimentados por propano a escasos metros de zonas residenciales.

Y lo de “coyuntural” no es una figura retórica. El informe de Red Eléctrica de España (REE) —al que continuamente se le atribuye la “carga de la prueba”— es claro al respecto. En su página 5, el informe de 2021 indica que la necesidad de este suplemento de potencia térmica está relacionada con el cierre de los grupos de vapor de Jinámar y Candelaria, el cual no fue acompañado del refuerzo de las líneas de transporte Sur-Norte para evitar sobrecargas. Es probable que la Consejería conociera esta debilidad, pero optó por dar una patada hacia adelante, diluyéndola en el relato oficial del miedo a los apagones por falta de generación, en lugar de enfrentar el problema de fondo: la falta de inversión en las redes por parte del operador y del cuasi monopolio que representa Enel-Endesa.

Además, ya se han desvelado las causas reales de los últimos apagones sufridos en Canarias —como el de La Gomera— y nada tuvieron que ver con la falta de generación. En todos los casos, los fallos se debieron al mal estado de las redes y a la precariedad de las instalaciones, todas ellas responsabilidad del cuasi monopolista.

Y a esto se suma un nuevo elemento decisivo: la irrupción de las baterías BESS combinadas con compensadores síncronos como alternativa limpia y viable a estos grupos de emergencia que tantos inconvenientes presentan. Se trata de una tecnología ya madura y lista para su implantación, cuyo único obstáculo es la definición de un marco retributivo estable. La no convalidación del Real Decreto-Ley 7/2025, que debía establecer dicho marco, no puede usarse como excusa para seguir anclados en una estrategia claramente errónea para resolver problemas que son, en esencia, coyunturales y transitorios.

Dando una respuesta adecuada a los problemas coyunturales seremos capaces de sentar las bases del nuevo modelo energético para Canarias que debe regir en las próximas décadas. Si la respuesta de corto plazo es la instalación de grupos de emergencia, el modelo a largo plazo será, en esencia, el mismo que el que tenemos: emisiones GEI que, aunque menores, seguirán siendo en términos per cápita y por km2 muy superiores a las del resto de los territorios de España.

Una solución ineficiente, poco eficaz y muy costosa en términos económicos porque el esfuerzo inversor deberá ser doble: el capital que va destinado a nuevos grupos que funcionen con gas y el que vaya destinado a renovables, bombeos reversibles, baterías y redes. Pensar que es compatible ambas cosas es desconocer un principio básico como es el de la “restricción presupuestaria”. El capital no es infinito, y menos aún después de agosto de 2026 cuando desaparezca el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Como dijo John Maynard Keynes en los años 30, justificando su giro hacia políticas intervencionistas tras la Gran Depresión: “When the facts change, I change my mind. What do you do, sir?” (Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor?)

Esta frase debería aplicársela el consejero Hernández Zapata, ahora que los hechos han cambiado. El cambio climático exige medidas audaces, y aunque no se ponga en duda la buena intención inicial de esta Consejería con los grupos de emergencia, el escenario actual es otro, y eso obliga a revisar y corregir decisiones. Más aún cuando hay personas directamente afectadas.

Con la alternativa ya disponible de baterías y compensadores, persistir en los grupos de emergencia de gasoil y propano no es otra cosa que pretender “matar mosquitos a cañonazos”.

Firmado: Fernando Melián Rodríguez y José Juan Sansó Fernández

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