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Negacionismo

Todo parece indicar que por una vez y sin que sirva de precedente el raciocinio y el parecer científico se imponen en un mundo donde las “Fake News” campan a sus anchas. Me estoy refiriendo a la aceptación mayoritariamente por parte de la sociedad que el Cambio Climático Antropogénico es una realidad y que tendrá consecuencias terribles para la vida en el planeta tierra. Pero he aquí que los negacionistas en vez de admitir la derrota y arrimar el hombro para combatirlo, han decidido cambiar de estrategia y apoyados por una legión de ecologistas despistados, han fijado su diana en las medidas para combatirlo.

El Cambio Climático Antropogénico tiene dos aspectos fundamentales que lo caracterizan. En primer lugar, es una variación climática producida por las acciones descontroladas del ser humano, fundamentalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero, procedentes de la quema de combustibles fósiles. En segundo lugar, esta variación climática se está produciendo a una velocidad inusitada, lo que provoca que nos hayamos quedado sin tiempo para intentar revertir esta situación. Tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles y lo tenemos que hacer para antes de ayer. Por tanto y si no queremos volver a la edad de piedra, tenemos que fundamentar nuestras economías bajo el paradigma de las energías renovables.

Pues bien, es aquí donde aparece el neonegacionismo, obstaculizando y poniendo palos en las ruedas al despliegue de estas renovables.

La implantación de las tecnologías renovables se tiene que llevar a cabo de una manera masiva, extendida, pero sobre todo de una manera rápida, todo lo rápida de lo que seamos capaces, porque como hemos dicho, ya estamos en tiempo de descuento y todo lo que consigamos aminorar el tiempo del cambio de los combustibles fósiles es oro. Por todo ello, es crucial que activemos todos los mecanismos que nuestra sociedad permite, para llevar a cabo esta colosal tarea en tiempo y forma.

Pero entonces, utilizando nuestros propios anhelos y ansias, se nos proponen escenarios en los que tenemos que plantearnos viejas disquisiciones que el ser humano ha tenido a lo largo de la historia y que, por viejas, son, lamentablemente, incompatible con los consensos. Las viejas ideas de la democratización de los bienes de producción, de las fuentes de riqueza, de la economía horizontal, de las transiciones justas, son eslóganes que los poderes neonegacionistas exhiben delante de muchos ecologistas, a modo de capote delante de un toro y estos no pueden resistir entrar al embiste.

No es cierto que solo con autoconsumo podamos cubrir la demanda eléctrica, ni por números, ni por el funcionamiento intrínseco de estos. Pero, aunque si así fuera, no podemos esperar a que cada ciudadano tome la decisión de poner placas fotovoltaicas en sus tejados, ni baterías en sus despensas. No podemos desechar los macro parques fotovoltaicos o los parques eólicos porque nos causan impacto visual o porque el capital invertido no proviene de pequeños ahorradores. No podemos desechar la eólica Off-Shore por cuestiones paisajísticas en nuestros litorales o porque según ellos, puede afectar a los pescadores de bajura, cuando es un sector que está en pleno retroceso en la actualidad. No podemos rechazar la instalación de centrales de bombeo reversible con argumentos tan peregrinos de que son tecnologías desfasadas y a la vez mantener que con estos sistemas se está vendiendo la soberanía energética de los territorios. No podemos plegarnos a la introducción del gas en aquellos territorios donde aún no está, por el simple hecho de que nuestras reservas a la implantación masiva de renovables, nos deja sin alternativas plausibles.

En cualquier pirámide de las prioridades humanas, indefectiblemente la que debería estar en la cúspide, sin ningún genero de dudas, debería ser la supervivencia de la especie y ante eso no hay disquisición posible. Por tanto, en nuestra humilde opinión lo que toca es hacer una reflexión profunda y sosegada de la situación en la que nos encontramos y si la conclusión es que tenemos todo el tiempo del mundo para tomar decisiones, perfecto, continuemos debatiendo sobre las cuestiones expuestas. Pero si, por el contrario, del análisis empírico expuesto por la comunidad científica, llegamos a la conclusión de que ya ni siquiera estamos en la cuenta atrás y hay que actuar de manera inminente, decidida y sin titubeos, tenemos que poner todo nuestro potencial al servicio de un fin mayor para acabar cuanto antes con esta amenaza cierta.

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