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No hay otra manera

Existe un falso debate que hay que contextualizar adecuadamente para poder sacar algo práctico para la sociedad en general. Nos estamos refiriendo a “renovables si, pero no de esa manera”. Si abordamos esta discusión desde el todo no se va a conseguir alcanzar ningún consenso y esta discusión se puede eternizar indefinidamente. Por tanto, conviene desmenuzar esta cuestión en disyuntivas mucho más simples y tasadas que nos permitan ser más certeros

En primer lugar, hay que discernir si estamos ante un cambio climático o no, porque si concluimos que no estamos ante un cambio climático pues simplemente no hay nada que debatir. Pero si concluimos que, si estamos ante un cambio climático, deberemos delimitar las consecuencias previsibles de ese cambio climático y sus repercusiones para el ser humano. Si estas repercusiones no tienen trascendencia, nuevamente nos quedamos sin debate, pero si las tiene deberemos determinar si las causas son completamente naturales y por tanto inevitables o si por el contrario está teniendo alguna repercusión la acción del hombre. Si la respuesta es la naturalidad de todo lo que acontece, nuestras acciones deberían ir exclusivamente a intentar amortiguar esas repercusiones y adaptarnos a ellas. Si nuestra respuesta es que el cambio climático es antropogénico estaremos en un estadio de ver cuales son esas causas, el grado de deterioro en el que nos encontramos, si hay manera de revertirlo y el grado de implicación que hay que poner.

Llegado este punto cabe decir que hay un 1% (siendo generosos) de la comunidad científica que considera que todo esto del cambio climático son invenciones de una cierta aristocracia científica y técnica para conseguir un filón económico digno de explotar. Por otro lado, tenemos un 9% (aproximadamente) de científicos que admiten que hay un cambio climático, que hay visos de que pueda tener repercusiones muy serias para la especie humana, pero que ponen en tela de juicio que detrás de él estén las acciones humanas, dejando en manos de las cuestiones naturales la raíz de la cuestión. Por último, tenemos al 90% de la comunidad de la ciencia que dejan claro, muy claro, que estamos ante un cambio climático, ocasionado por el hombre, concretamente debido a las emisiones de gases de efecto invernadero, de consecuencias dramáticas y dantescas para el ser humano y que tendrán lugar en un plazo muy corto de tiempo. Para este último colectivo es altamente imperioso que disminuyamos las emisiones de gases de efecto invernadero de manera fulminante porque ya estamos llegando tarde y para hacerlo sin volver al neolítico, la única solución es cambiar una economía basada en combustibles fósiles en otra basada en energías sostenibles, renovables y no contaminantes. Para llevar a cabo este plan es necesario desplegar cuanto antes un parque de renovables suficiente para poder nutrir de energía todo nuestro tejido industrial, económico y familiar.

Después de haber analizado lo comentado volvemos al enunciado inicial “Renovables si, pero no de esa manera”. Cuando hablamos de “esa manera” nos estamos refiriendo a la manera que nuestros técnicos y científicos han decido distribuir esas instalaciones. Es decir, cuando se coloca un parque eólico se coloca donde el recurso del viento es el más idóneo, donde la infraestructura de la red permite conectarla al sistema eléctrico y donde el terreno es apropiado para estos menesteres. Cuando se monta un huerto fotovoltaico se tiene en cuenta la cantidad de horas y la calidad lumínica del lugar, que exista un punto de conexión a la red de transporte cercano, que las infraestructuras de los alrededores permitan un mantenimiento y una operación adecuada.

Estamos hablando de que hay que mitigar en el menor tiempo posibles unas practicas dañinas para el medio ambiente, que de no hacerlo nos llevaría a situaciones esperpénticas y calamitosas, cuando no terminales y estamos poniendo en tela de juicio a los más cualificados para llevar a cabo el proceso en tiempo y forma, porque al parecer existe una alternativa a todo esto que consistiría que entre todos decidamos donde tienen que ir esas instalaciones de renovables para que causen un supuesto menor impacto visual (fundamentalmente), dejando en un segundo término su eficiencia energética y por tanto su capacidad de mitigar la acción del viejo y caduco modelo basado en combustibles fósiles.

Llevamos mas de un siglo intentando ponernos de acuerdo en las democracias occidentales entre el liberalismo y la socialdemocracia, entre el libre mercado y el mercado regulado, entre la libertad individual o la libertad colectiva, entre un estado fuerte o un estado bajo mínimos, entre la privatización de los servicios o el fortalecimiento de lo público, sin alcanzar ningún consenso y ahora pretendemos que nos pongamos de acuerdo en donde colocamos un parque eólico o un huerto solar, si obligamos a todos los propietarios de viviendas con azoteas a llenarlas de placas por encima de sus necesidades para fortalecer el autoconsumo, o si nos ponemos de acuerdo en que propietario tiene que aceptar que una línea de evacuación pase por su terreno.

Como ejercicio democrático en un mundo idílico estaría muy bien, pero en un planeta terminal con una urgencia climática sin parangón a lo largo de la historia, creemos que está completamente fuera de lugar.

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