Con la entrada del nuevo gobierno autonómico, vuelven a poner sobre la mesa la entrada del gas en Canarias, al menos en la generación eléctrica. Esta nueva apertura del debate acerca de este combustible no es baladí, sino responde a toda una concepción estructurada que tienen determinadas formaciones políticas de la economía canaria y más concretamente de sus fuentes energéticas.
Desde nuestro modesto punto de vista, si se pretende modificar algún sistema, se debería poner sobre el tapete, los puntos débiles de ese sistema, para acto seguido plantear como mejora esos puntos débiles, la modificación planteada. Por ello y siendo fieles a nuestro razonamiento vamos a desarrollar lo expuesto.
El sistema eléctrico canario, mejor dicho, los sistemas eléctricos de canarias, porque en realidad son seis, uno por isla, salvo Lanzarote y Fuerteventura que están unidos por un cable submarino, presentan los siguientes déficits fundamentales:
- Dificultades de interconexión entre los distintos sistemas o con sistemas mayores. La lejanía de las islas del territorio continental y la profundidad que hay entre ellas hace muy complicada la interconexión, lo que redunda en una precaria estabilidad de este.
- Al usar fundamentalmente combustibles fósiles, la generación eléctrica es excesivamente contaminante, hasta el punto de que más del 40% de las emisiones que se producen en el archipiélago son de las centrales eléctricas.
- Inasumible dependencia del exterior al tener que importar más del 80% de los combustibles usados. Esto implica que los vaivenes geopolíticos y económicos tienen una enorme influencia en las islas.
- La generación eléctrica en Canarias es altamente costosa llegándose en determinadas ocasiones a quintuplicar el valor del MWh con respecto al de la península. Afortunadamente esta carga no descansa sobre el usuario canario, sino que se distribuye entre todos los usuarios españoles vía factura eléctrica y vía presupuestos generales del estado.
- A la elevada fragilidad de los sistemas aislados hay que añadir la centralización de la generación, lo que implica unas centrales donde se ubican el total de la generación convencional, de donde salen las líneas eléctricas de manera radial para abastecer a los usuarios. Evidentemente un problema en estas localizaciones supone un apagón generalizado, como recientemente en la isla de La Gomera.
- Se podría añadir el problema de la caducidad de la vida útil de muchos grupos de nuestras centrales, pero nosotros no lo haremos por considerar que es una cuestión coyuntural, achacable a los intereses de la empresa propietaria excusada en unos supuestos vacíos legales, que desde nuestro punto de vista no existen.
Vistas las debilidades veamos como la entrada del gas aporta soluciones a estos problemas:
- La entrada del gas no va a solucionar los problemas de conectividad porque es una cuestión tecnológica de la industria de los cables submarinos.
- Cuentan las leyendas urbanas que el gas natural contamina un 20% menos en el momento de la combustión. Pero lo que no se dice es que, si analizamos toda la cadena desde la extracción, el transporte, el almacenamiento y el consumo, las emisiones se disparan de manera exponencial. Emisiones que no son precisamente CO2, sino que son gas metano que es un 80% mas contaminante que el CO2. Por tanto, no solo es que no reduce las emisiones, sino que las agrava considerablemente.
- Creemos que no hace falta recordar el “problemón” en el que se metió Alemania con la guerra de Ucrania y su infortunada dependencia del gas ruso. Dejar de depender del petróleo para hacerlo del gas, no es una buena política de independencia energética para nuestras islas.
- La generación eléctrica en Canarias a supuesto un sobrecoste para el erario nacional del orden de hasta cinco veces, hasta el 2021 en el que el MWh en Canarias se fijó en 162 euros mientras que en la península fue de 112 euros. Está anomalía económica se produjo debido al encarecimiento precisamente del gas natural. Si en Canarias hubiésemos estado consumiendo gas natural y manteniendo las proporciones indicadas, hubiésemos pagado el MWh a razón de “560” euros de media.
- Para que los costes sean asumibles los grupos de gas natural no podrán estar dispersos, sino concentrados en una misma ubicación, por cuestiones de transporte y almacenamiento de este combustible. Por tanto, las estructuras centralizadas de nuestros sistemas eléctrico se perpetuarán “sine die”.
Creemos que hemos podido argumentar de una manera clara y concisa por qué pensamos que la entrada del gas en los sistemas de generación eléctrica de Canarias no viene a solucionar ninguno de los problemas endémicos que arrastra, sino más bien los empeora. Es por esto por lo que toda la ciudadanía debería plantearse el porque ese empeño en introducir un combustible que no suma sino todo lo contrario, resta y mucho, sobre todo porque si se hace una inversión de las dimensiones necesarias para quemar gas en el archipiélago, significara que las instalaciones construidas estarán en producción por más de treinta años y por tanto no habrá hueco para las renovables.
Alguien debería recordar que ahora mismo la prioridad es la lucha contra el cambio climático antropogénico y la UNICA posición posible para ello es un cambio acelerado a una economía descarbonizada. Los tiempos de las transiciones han quedado muy atrás.


