Si no fuera porque nos va en ello la supervivencia de la especie resultaría grotesco observar los inmensos esfuerzos que hacen los emporios petroleros y las plumas agradecidas de los medios de comunicación, intentando blanquear un combustible tan dañino como el gas natural. Ese gran poder manipulador a llegado incluso a las mismas entrañas de una Comunidad Europea que ha tragado el sapo de considerar a este combustible como verde a la hora de las posibles subvenciones. Resulta completamente ridículo comprobar como algunos medios ensalzan la supuesta permeabilidad de los proyectos de gas natural licuado (GNL) de TOTISA y SAMPOL INGENIERÍA en Tenerife y criminalizan las pegas que está teniendo la primera en su proyecto en el puerto de La Luz de Las Palmas. Es más, tienen la desfachatez de tachar de descarbonización a estas infraestructuras que lo único que hacen es perpetuar en el tiempo nuestra dependencia de los combustibles fósiles.
Si bien es cierto que el gas natural durante su combustión produce un 20% menos de emisiones, no es menos cierto que las fugas de metano que se producen durante todo el proceso de extracción, transporte, almacenamiento y utilización, echan por tierra esa mínima reducción de las emisiones, ya que el metano tiene un potencial de calentamiento 90 veces mayor al del CO2 en un horizonte de 20 años.
Pero supongamos que somos unos negacionistas climáticos y nos trae al pairo todo esto del cambio climático antropogénico, aún quedarían dos poderosas razones para oponernos a la utilización del gas natural en nuestras islas. En primer lugar, el archipiélago no produce gas natural, por lo que hay que importarlo y por tanto, tener una dependencia asfixiante de los países productores, que no en vano, se ha demostrado, que esta dependencia lleva a un grado de inestabilidad tal, que, hasta la todopoderosa Alemania, ha visto seriamente dañado su poderío económico, precisamente por esta dependencia de alguien tan poco de fiar como Rusia. Por otro lado, creemos que a nadie se le esconde los altos precios que puede llegar a alcanzar este combustible, habiéndose convertido en la auténtica rémora de todo el sistema eléctrico mundial, al poner el precio del MWh por las nubes. Pues bien, si utilizando el método actual de combustibles como el gasóleo o el diésel, se ha alcanzado sobrecostes en la generación eléctrica del orden de 1.000 millones de euros, ¿a cuanto puede llegar este sobrecoste utilizando GNL?.
En contrapartida consideremos un sistema energético altamente electrificado donde la eólica y la fotovoltaica, muy abundante en Canarias, atemperadas y gestionadas, con centrales hidroeléctricas reversibles, sean nuestras fuentes principales de energía. Donde los excedentes sean canalizados hacia un vector energético como el hidrógeno, que nos permita abarcar sectores como el transporte marítimo y aéreo y donde se decanten sistemas 100% renovables, en ese caso si estaríamos hablando de descarbonización, pero no del paripé de una descarbonización a plazos y a medas tintas, hablaríamos de la total descarbonización que solo se alcanza cuando no se consume ni una sola gota de combustibles fósiles.
Por todo lo dicho, no entendemos porque el gobierno de Canarias, teniendo una hoja de ruta perfectamente definida en línea de lo planteado, juega a dejarse querer por lo intereses gasísticos, aún a sabiendas, que esto perjudica a los canarios, que no es lo que quieren los canarios y que lastrará de forma irreparable a los futuros canarios.


