Creemos que existe una inmensa mayoría de ciudadanos que nos alineamos con el último informe del IPCC acerca del cambio climático antropogénico que esta sufriendo nuestro planeta. También creemos que la inmensa mayoría de ese colectivo ve en las renovables la manera de paliar los efectos de ese cambio climático, pero no como una medida para el futuro, sino como una realidad cierta que ya es posible a todos los niveles, lo que se ha venido en llamar la “transición acelerada”. Pero es a partir de aquí cuando comienzan las divergencias.
Existen colectivos que consideran que con el autoconsumo sería suficiente para electrificar las islas, no dándose cuenta de que una cosa son los deseos y otra muy diferente la realidad tecnológica. Claro, que de ser posible sería la solución ideal. Generación distribuida, democratización de la producción eléctrica, autosuficiencia energética, consumo y generación en el mismo sitio, ¿a quién no le atrae esos conceptos? Pero la realidad es que, si tenemos un edificio con 20 viviendas, con una electrificación media, sumarían unos 150 KW. Si a eso le sumamos el ascensor y las zonas comunes, nos podemos ir, fácilmente, a los 200 KW. Si las cubiertas están orientadas convenientemente, necesitaríamos una superficie de 1.200 m², alrededor de 500 placas fotovoltaicas y unos 500 módulos de baterías, para tener un autoconsumo medianamente sostenible.
Por otro lado, existen colectivos que consideran que el autoconsumo es una herramienta más, que juntamente con las instalaciones de parques fotovoltaicos y eólicos, tendríamos los mimbres necesarios para la necesaria generación de las islas, solventando el problema de la no gestionabilidad, con sistemas de baterías de distinta escala. Sin entrar en los problemas de contaminación ambiental del reciclado de las baterías (una simple pila de mercurio puede llegar a contaminar 600.000 litros de agua), la batería más grande del mundo se encuentra en Carolina del Sur y puede dar 250 MW en una hora, en otras palabras, con esta batería, si se va la luz, se le podría dar servicio a Las Palmas de Gran Canaria durante una hora.
Por último, estamos los que consideramos que el autoconsumo es necesario, son necesarios los parques fotovoltaicos y eólicos, es necesaria la geotermia donde las condiciones sean favorables, son necesarias las baterías de forma comedida, pero son imprescindibles los bombeos.
En este punto conviene aclarar una cuestión. El colectivo que defiende los hidrobombeos como herramienta para poder controlar la no gestionabilidad de los eólicos y fotovoltaicos y por lo tanto, fomentar la penetración de estas tecnologías y por ende la descarbonización de los sistemas eléctricos, no defendemos un único sistema, defendemos un conjunto de sistemas de centrales hidroeléctricas reversibles para cada una de las islas, en las que se den las condiciones oportunas, teniendo claro, que a mayor cantidad de bombeos instalados, mayor penetración de renovables y menor uso de baterías.
Hoy por hoy, los bombeos son la tecnología de almacenamiento energético más eficiente que se conoce, dado que el 80% de rendimiento y sus más de 50 años de vida útil de sus instalaciones no móviles, no tienen parangón con ningún otro sistema (vida útil de las batería de 10 años), amén de convertirse, en su vertiente productora, en generadores tipo A con todas sus virtudes, como son la gestionabilidad, respuesta transitoria en frecuencia adecuada o aporte de corrientes de cortocircuito ante defectos suficientes, cuestiones que hoy por hoy las baterías y la electrónica de potencia no han sido capaces de soportar. Sirva el ejemplo de que el Salto de Chira podría alimentar Las Palmas de Gran Canaria durante 12 horas por sí sola.
En definitiva, el colectivo que defiende los bombeos, no está al albur del político de turno, no recibe directrices de este o aquel partido, no baila al son que le marca una determinada multinacional, son simplemente un conjunto de personas que está convencida que en la encrucijada que está el ser humano en estos momentos, se juega demasiadas cosas, para poner en la cesta de las quimeras las soluciones que se necesitan, prefiriendo apostar por realidades constatadas y fiables que den certezas a un futuro sostenible y renovable.


