GRAN CANARIA 100% RENOVABLE
Estos días hemos sido testigos de una serie de publicaciones en los medios de comunicación, a favor y en contra del gas, dado que por parte de unos se juegan sustanciosos intereses económicos y por parte de otros nos jugamos el futuro del planeta. Esto que en principio pareciera que no son comparables por el orden de magnitud de uno y otro planteamiento, lamentablemente es lo que se dilucida hoy en día. Por si alguien no termina de entender lo del orden de magnitud, baste pensar que si los primeros tienen razón y los segundos se equivocan, lo peor que puede pasar es que haya una serie de beneficios empresariales que no se materializan, pero si la equivocación cambia de bando, las repercusiones en términos reales de vida en el planeta serían nefastamente incalculables.
El principal argumento del lobby gasístico en nuestra tierra es el hecho de decir que las renovables no son una alternativa viable y por eso se necesita la tecnología del gas natural como transición. Pues bien, intentaremos utilizando datos suministrados por el propio gobierno autónomo, ese que a veces coquetea con ciertas aplicaciones del gas natural licuado, desmitificar ese absurdo planteamiento de la inmadurez de las renovables, haciendo ver como, por ejemplo, el sistema eléctrico de Gran Canaria podría funcionar perfectamente con estas tecnologías.
Según las estrategias desarrolladas por el Instituto Tecnológico de Canarias para el Gobierno Autonómico de Canarias, en el marco del desarrollo del PTCAN (Plan de Transición Energética de Canarias) un escenario factible de mix energético para Gran Canaria podría ser el siguiente:
- Eólica en tierra: 1.700 MW
- Eólica marina: 1.090 MW
- Fotovoltaica en tierra: 1.000 MW
- Autoconsumo: 414 MW
(a parte de otras tecnologías con contribuciones menores)
Teniendo solo en cuenta lo expuesto, hablamos de una potencia instalada de unos 4.200 MW de tecnologías renovables. Evidentemente estas tecnologías no son gestionables (no podemos conseguir variar su producción según nuestras necesidades) y como la gestionabilidad es una premisa fundamental de cualquier sistema eléctrico estable, ya que hay que ajustar la generación de electricidad a lo que se esté demandando en cada momento, necesitaremos del aporte de otro elemento tecnológico que reconduzca la situación.
Hoy por hoy el elemento más eficiente que nos puede dar esa gestionabilidad tan necesaria, aparte de ser un acumulador excepcional de energía, es la central hidroeléctrica reversible de bombeo puro. Pues bien, en las estrategias comentadas también se analiza esta cuestión, alcanzándose la conclusión de que los sistemas más idóneos serían:
- Chira-Soria con 200 MW
- Cueva de las Niñas-Soria con 200 MW
- El Paralillo-Siberio con 40 MW
- El Parralillo-El Caidero de las Niñas con 40 MW
Estos dispositivos tienen varias formas de proporcionar gestionabilidad al sistema. En modo turbinación generan energía eléctrica como generadores tipo A, con todo lo que ello conlleva incluyendo, naturalmente, el hecho de ser gestionable, ya que variando la cantidad de agua que pasa por la turbina se puede variar la cantidad de electricidad producida. En este modo facilitaríamos una penetración de renovables del 50%. En modo bombeo, la gestionabilidad la proporcionan las bombas al variar la cantidad de agua subida en función de las necesidades de la generación y la demanda. En este modo se puede conseguir una penetración de renovables superior, incluso, al 100%, porque a parte de la energía suministrada a la demanda, modulada por los bombeos, está la energía que están consumiendo las bombas para subir el agua. Por último, si las instalaciones responden a lo planteado para el Salto de Chira, en la que los sistemas de turbinas y bombas son reversibles e independientes por bancadas, es decir que se podría tener unas unidades bombeando agua y otra turbinándola, conseguimos un dispositivo extremadamente versátil y tecnológicamente ajustado a las necesidades demandadas.
Ahora que tenemos parte del andamiaje armado, podemos observar que tenemos 4.200 MW de renovables y 480 MW de bombeos que, en el mejor de los casos, nos permitiría que en Gran Canaria, con una punta en torno a los 540 MW, podríamos absorber 1.020 MW. Si se da la circunstancia de un día de sol radiante y unas condiciones de viento adecuadas, ¿qué hacemos con los 3.180 MW que nos sobran? Pues como también contempla el ITC en sus estrategias, se destinarán a los electrolizadores, encargados de la producción de “hidrógeno verde”. Estos electrolizadores también tendrán la capacidad de variar su demanda, para proporcionar una gestionabilidad añadida a todo el sistema.
Este hidrógeno verde así obtenido, será el combustible básico de los grupos de respaldo que existan para paliar situaciones de emergencia en el sector eléctrico, como combustible para vehículos pesados, para la elaboración de pilas para aplicaciones industriales, como componente para la obtención del amoniaco para buques o el queroseno sintético para aviones.
La razón de sobredimensionar el parque renovable se debe fundamentalmente a que no siempre existe viento o sol en las condiciones óptimas, por lo que la generación eléctrica procedente de estas fuentes puede oscilar, como ya se ha comentado, para explicar el tema de la gestionabilidad.
Esta sí es la manera de potenciar el uso de las renovables y la introducción del hidrógeno en todo el ecosistema energético del archipiélago, porque la premisa fundamental para que el hidrógeno verde se popularice, es que exista “hidrógeno verde”.
Gran Canaria y por extensión el resto de las islas no necesita una transición mediante el gas, lo que necesita es que nuestros mandatarios corrijan la miopía que los paraliza y que les impide ver las soluciones que ellos mismos se han puesto delante de su nariz.


