En plena crisis energética y metidos en una vorágine de ahorro a toda costa de la energía, hay veces que perdemos la perspectiva y los arboles nos impide ver el bosque.
Hace pocos meses el gobierno central se descolgó con un real decreto de medidas urgentes por la guerra de Ucrania, en el que se colaba por la puerta de atrás, una disposición que prácticamente liberalizaba el uso del gas natural en Canarias, donde hasta la fecha se desconocía su uso. Efectivamente hablamos de ese gas natural que se ha convertido en el nudo gordiano de la geopolítica internacional. De ese mismo gas natural que el señor Putin esgrime como amenaza de corte a los países del centro de Europa. De ese mismo gas natural que ha servido de represalia por parte de Argelia por el viraje de la política hacia el pueblo saharaui del gobierno español. Y ese ese mismo gas, con su dependencia casi claustrofóbica de los países productores, el que quieren introducir en Canarias.
Y decimos que se pierde la perspectiva porque en las medidas de ahorro no se puede ir al trazo fino de medidas coyunturales y acotadas en el tiempo porque Europa nos lo ha dicho. Porque con todo el tema de la guerra hemos perdido completamente la perspectiva de la realidad, porque tarde o temprano la guerra terminará, pero entonces volveremos a caer en que había un peligro inmensamente mayor que se llamaba cambio climático antropomórfico y contra ese hay que ir con el trazo grueso de medidas contundentes y drásticas, mucho más allá de medidas circunstanciales y cosméticas.
Por poner sobre la mesa una serie de cifras y datos concretos. En el año 2020 y en las centrales eléctricas de Gran Canaria, se quemaron 1.175.266 toneladas de combustible fósiles (datos del anuario energético de Canarias 2020), lo que supuso la friolera de alrededor de 410 millones de euros, solo en esta partida. Si se tiene en cuenta que el gasto total de ese año para generar la electricidad de la isla fue de unos 520 millones de euros, nos sale que cerca del 80% de ese gasto correspondió al apartado de los combustibles. Si nosotros fuéramos capaces de tener un sistema 100% renovables que no consuma ni una gota de estos compuestos, ¿Cuánto dinero nos ahorraríamos anualmente?.
Por otro lado, para paliar que una caída de un grupo en las centrales lleve aparejados apagones a los usuarios, se echó mano del concepto de potencia rodante, que básicamente significa que tenemos máquinas funcionando en el mínimo técnico, dispuestas a coger la carga de la caída de otro grupo. Pues bien, mediante cálculos estimativos, este hecho singular nos cuesta a todos los españoles la friolera de unos 20 millones de euros y solo por estas prácticas en la isla de Gran Canaria. Si nosotros tuviéramos funcionando el Salto de Chira, no tendríamos que gastar absolutamente nada en potencia rodante, porque solo con abrir una compuerta tendríamos inmediatamente 200 MW disponibles.
Estas son las auténticas medidas de calado que se precisan en este momento para abordar la crisis puntual de la guerra, pero sobre todo la crisis sistémica del cambio climático. Necesitamos que el gobierno de Canarias se crea sus propias estrategias, se ponga las pilas y lleve a cabo una transición acelerada hacia las renovables que tengan como piedra angular a los bombeos. Necesitamos a un gobierno central que no haga malabares con el gas en Canarias, sino que apueste decididamente por las iniciativas del gobierno autonómico. Necesitamos a una sociedad civil que trascienda del ecologismo del paisaje y afronte los auténticos retos medioambientales, porque si no lo hacemos, nos quedaremos sin paisajes que admirar.


