“Estamos preocupados sobre lo que hemos oído en las últimas horas porque podría indicar pasos atrás en la ambición climática”. Con estas palabras el vicepresidente de la Comisión Europea, Franz Timmermans alzaba la voz de alarma, el sábado 19 de noviembre, después de toda una noche de negociaciones en la COP27. Efectivamente, si por algo se a caracterizado esta cumbre es porque las voces que abogan por no ser tan exigentes con el cambio de paradigma energético, ya no se ruborizan en exponer sus ideas, de crear incertidumbres en contra del cambio climático antropogénico, en intentar, en definitiva, alargar la vida de los combustibles fósiles en nuestras economías. No en vano en esta cumbre, se ha dado la mayor presencia de lobbies de las grandes energéticas del petróleo y sus derivados, con el beneplácito de las instituciones encargadas de su organización.
Que estos comportamientos se den por parte de estas corporaciones es cuando menos, cuestionable. Que estos comportamientos sean permitidos por las instituciones responsables es execrable, pero que ciertos sectores radicales del ecologismo se plantee aunar la lucha climática con toda una serie de reivindicaciones históricas de la sociedad, aun sabiendo que esto lo que supone es paralizar y ralentizar la lucha principal, es bastante frustrante. Es como si tienes una herida sangrando y no le pones un apósito inmediatamente porque no se consigue ninguno de fabricación natural, ecológico o kilómetro cero, prefiriendo que el paciente se desangre mientras se busca un producto adecuado.
La crisis climática es el mayor embate al que se ha enfrentado nunca la humanidad. En su lucha no cabe ambages ideológicos, por muy bien intencionados que sean, porque simplemente no hay tiempo, repetimos NO HAY TIEMPO. Un señor de izquierdas no va a reducir mas CO2 que uno de derechas, por el simple hecho de pensar que su ideología es moral y éticamente superior. Un ecologista no va a parar las emisiones de efecto invernadero, permitiendo que grupos actuales de fuel sean sustituidos por otros más pequeños, también de fuel. Un empresario no va a mejorar sus perspectivas económicas abogando por la introducción del gas, si la economía en su conjunto va a sufrir reveses climáticos cada vez más catastróficos.
Los científicos han demostrado fehacientemente que se está produciendo un cambio climático acelerado y que su principal manifestación es el aumento de temperatura en todo el planeta. También han determinado que este aumento de temperatura se debe a que los gases de efecto invernadero han aumentado considerablemente en las últimas décadas, con lo que el efecto invernadero se ha potenciado, llevándonos a que, en pocos años los fenómenos meteorológicos adversos, la desertización de grandes zonas del planeta, la subida del nivel del mar o la galopante escasez de agua, se conviertan en una realidad inminente.
Por todo eso lo único que cabe es parar, primero, el aumento y posteriormente, comenzar su reducción de los GEI. Para ello tendremos que emplear los medios más eficaces que tengamos a nuestro alcance, porque la alternativa no es una opción.


