El CO2

El efecto invernadero es el fenómeno mediante el cual se producen las condiciones adecuadas para que la tierra albergue vida. Este proceso consiste en la retención de la atmosfera de parte del calor procedente del sol para mantener una temperatura media de 15 grados centígrados, sin este fenómeno la temperatura media en la superficie de la tierra sería de -18 grados centígrados.

La atmosfera está compuesta de diferentes gases: por un lado, están los mayoritarios como el nitrógeno, oxígeno o argón, pero también existen otros como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido de nitrógeno y el ozono y son estos últimos los que tienen mayor incidencia en el efecto invernadero. Estos gases en la proporción adecuada cumplen perfectamente su cometido, pero si se modifica esa proporción puede tener efectos devastadores como ya ha ocurrido en el pasado. Si la proporción aumenta el planeta se calienta, si la proporción disminuye, el planeta se enfría.

En la actualidad y como consecuencia de la mano del hombre, la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmosfera está aumentando y por lo tanto la tierra se está calentando de una manera tal que, si no ponemos remedio, ocurrirá un cataclismo de proporciones bíblicas. Pero hay que tener claro cuál es la causa de este proceso porque existe una idea errada de que la causa radica en la quema de combustibles que emiten gases de efecto invernadero sin más y en realidad es un poco más complejo.

En épocas remotas ingente cantidad de material orgánico quedo atrapado en el subsuelo de nuestro planeta y con él inmensas cantidades de carbono. Este material dio lugar a los combustibles fósiles que hoy usamos y que tienen la peculiaridad, que, entre otros, emiten enormes cantidades de CO2 cuando se queman. Por tanto, es este proceso, el de volver a sacar a la atmosfera todo ese CO2, el que hace aumentar la concentración de este gas y por tanto potenciar el efecto invernadero. En otras palabras, si nosotros somos capaces de eliminar el CO2 que emitimos por la quema de combustibles fósiles, mediante cualquier proceso, el problema se acabaría. Pero también a la inversa, si nosotros extraemos de la atmosfera todo el CO2 que luego se va a lanzar a ella, tampoco existiría el problema, porque la concentración no cambiaría, es decir, estaríamos en un balance neutro de aporte de CO2.

El uso de los combustibles fósiles en la sociedad actual es primordial. No se concibe una revolución tecnológica como la vivida sin estos insumos. En torno a ellos se ha desarrollado toda una serie de industrias tecnológicas que han cambiado radicalmente, ya nos solo el transporte marítimo, aéreo y terrestre, sino la manera en la que producimos hasta los más insignificantes bienes y servicios que demandan hoy en día nuestros conciudadanos.

Por todo lo anterior ante la necesidad imperiosa de detener el calentamiento global y sin que ello signifique volver a la edad de piedra, conviene darle una repensada a todos nuestros procesos tecnológicos altamente contaminantes, con una mirada crítica, por supuesto, pero sin dejar de ser radicales, entendiendo por tal, el no quedarnos tan solo en las ramas sino acudir a la raíz del problema.

Poniendo un ejemplo claro, tendríamos que la quema de gasolina que lleva a cabo un coche en la actualidad supone un aporte de GEI a la atmosfera, porque está devolviendo lo que estaba bajo tierra al aire que nos rodea y, por tanto, está incidiendo en el balance de gases existentes. Pero si nosotros en vez de extraer esa gasolina del petróleo, la extrajéramos de un proceso que cogiera esos gases que emite, de la atmosfera y mediante un proceso neutro en emisiones, la fabricara, cuando esta se quemara emitiría los mismos gases, pero como su procedencia es la propia atmosfera el balance sería neutro y el problema ya no existiría.

En la actualidad ya conocemos los procesos químicos que nos permiten obtener los hidrocarburos más comunes que usamos hoy en día mediante procesos que parten, fundamentalmente, de hidrógeno verde y de CO2 capturado de la atmosfera. Por tanto, estamos en condiciones de fabricar metano para nuestras centrales eléctricas, gasolina y gasoil para nuestros vehículos terrestres, amoniaco, metanol o cualquier otro combustible para nuestros barcos, queroseno para nuestros aviones y así con todo.

Estos procesos químicos tienen su base en el hidrógeno verde, es decir hidrógeno obtenido de la hidrólisis del agua mediante el aporte de electricidad procedente de fuentes renovables. Además, con la captura del CO2 de la atmosfera, aportamos el otro componente fundamental para estos procesos como es el carbono. Con estos dos elementos ya estamos en condiciones de fabricar todos los hidrocarburos que necesitemos para conseguir una economía neutra en emisiones.

Lo hasta ahora comentado cambia radicalmente los planteamientos que se han venido teniendo hasta ahora para “luchar” contra la emisión de gases de efecto invernadero. Así por ejemplo con este sistema se conseguiría una mayor penetración de las energías renovables en la generación eléctrica.

Efectivamente, supongamos que tenemos un sistema eléctrico aislado y en él una central con generadores que se alimentan de gas natural. Evidentemente esta central será una emisora neta de CO2, porque se está quemando un combustible fósil para generar electricidad. Por otro lado, la penetración de renovables solo podría llegar al 50% de lo que se esté demandando en cada momento. Pues bien, si ahora nosotros colocamos filtros que capturen el CO2 emitido por las chimeneas y lo almacenamos sin dejarlo salir a la atmosfera, tendremos una generación neutra en CO2, porque no estamos lanzando al aire este compuesto. Pero como almacenar CO2 de forma permanente no es viable habrá que buscar una utilidad.

Por otro lado, podemos aumentar la instalación de renovables más allá del límite de vertidos energéticos y con los excedentes redirigirlos a electrolizadores que fabriquen hidrógeno verde. Con lo cual podremos crecer en renovables, con la consecuencia que cada vez más tendríamos una producción mayor de hidrógeno.

Si ahora utilizamos el hidrógeno verde y el CO2 capturado para fabricar metano, este se puede mezclar con el gas natural y utilizar toda su infraestructura desde el almacenamiento, el transporte y los grupos generadores. Si la parte de metano se va aumentando hasta desaparecer el gas natural, entonces tendríamos una central 100% renovable, que por supuesto es neutra en aporte de CO2 a la atmosfera.

Con el suficiente aporte energético y la suficiente captura de CO2 de los procesos industriales contaminantes, se podría almacenar energía de los excedentes renovables en un gas como el metano (Power to gas) o el combustibles líquidos (Power to liquid) tipo gasolina, queroseno o metanol, para utilizarlo en los otros sectores de la economía.

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