Hay ocasiones en las que el paso del tiempo va colocando a los relatos interesados en el lugar justo que le corresponde, dado que las evidencias temporales van asfixiando una y otra vez, aquellas cuestiones que son exacerbadas hasta el límite justo donde la verdad y la mentira, se desdibujan en una fina línea, que intenta aprovechar los relatos mencionados.
El gobierno de Canarias y ciertos emporios empresariales, necesitaban crear el ambiente propicio para que la sociedad de las islas aceptaran, de buen grado, la imposición de una renovación de los grupos fósiles de generación eléctrica, tras un periodo en el que se habían desatado la euforia, porque al fin nuestros dirigentes políticos, eran conscientes del “problemón” que significa el cambio climático antropogénico y ponían “pie en pared”, para ponerle coto a las emisiones por esta cuestión en un plazo razonable, fechado en el 2040. Obviamente, la pretensión de acabar con esos anhelos ecologistas, tenía que basarse en un discurso potente, bien orquestado y que calara en el imaginario colectivo. Este discurso potente, tuvo como cómplice necesario una desgracia que los gomeros sufrieron en sus propias carnes el 30 de julio de 2023 y días posteriores, en los que toda la isla se quedó sin fluido eléctrico debido a que hubo un “cero” en la central del Palmar. Efectivamente el 2 de octubre de ese mismo año, el gobierno autonómico declaraba la emergencia energética, basándose en que el cero de La Gomera era porque los grupos estaban obsoletos y lo peor era que el resto de las islas estaban igual.
De nada sirvió que se le dijera que el cero de La Gomera se debió a un incendio en la sala de servicios auxiliares. De nada sirvió que se le dijera, que se había cometido el error de que en esa sala estaban todos los servicios auxiliares de todos los grupos. De nada sirvió que se le dijera que los grupos en si no habían fallado y que se encontraban en perfecto estado. De nada sirvió que se le exigiera que se realizara una auditoría del estado de los grupos de todas las centrales para determinar su grado de integridad de manera inequívoca. Lo único que importaba era declarar la “emergencia energética” porque ello tendría una consecuencia inmediata, que era lo realmente importante, la renovación de la mayor parte posible de los grupos de generación de todo el archipiélago.
Obviamente la emergencia energética denota en primer lugar una situación alarmante, pero inmediatamente y, en segundo lugar, obliga a actuaciones inmediatas. Estas actuaciones inmediatas fueron en primer lugar la petición de propuestas para instalar grupos de emergencia que en principio deberían de estar operativos en el plazo de un año. En segundo lugar, solicitar al estado el proceso de concurrencia competitiva para proceder a renovar los grupos obsoletos.
El primer punto, mas de un año después, sigue en vía muerta, porque si bien se habían adjudicado a dos empresas, estas, finalmente, no estaban por la labor. En cuanto al segundo, aunque si bien se vendió en los términos que aquí se han expuesto, en realidad el proceso de concurrencia competitiva lo que hace es seleccionar que grupos reciben la retribución adicional, porque la verdad, es que grupos nuevos siempre se han podido instalar, solo que no con una retribución, tan “sabrosa”, como la del régimen adicional. En este momento el proceso de concurrencia competitiva se encuentra decidiendo que solicitudes se admiten y cuales no, pero la realidad va a ser que estos grupos estén operativos entre 2030 y 2035, lo que, sumado a lo expresado para el primer punto, nos quedan entre cinco a diez años, de emergencia energética.
Pero ¿Qué hay de realidad en cuanto a la obsolescencia de los grupos?. En primer lugar, tenemos que distinguir dos realidades. Por un lado, está la Vida Útil Regulatoria y por otro lado se encuentra la Vida Efectiva del grupo. La primera hace referencia al tiempo que el grupo puede estar cobrando “de más” por la retribución adicional, que posee el sistema eléctrico de Canarias y que asciende a 25 años. La segunda se refiere a la vida real que el grupo puede estar funcionando sin peligro para las personas o su integridad física y con rendimientos aceptables. En este último caso podemos hablar del grupo Diesel 1 de Fuerteventura, que fue instalado en 1975 y ahí sigue produciendo sin problemas. Así mismo tenemos el caso del Vapor 1 de la Central de Tirajana, en Gran Canaria, que fue instalado, en 1995 y que ha entrado en revisión y que podrá alargar su vida efectiva ocho años más.
Tal y como Endesa comunica en la noticia aparecida en los medios: “La revisión de estos equipos, instalados en 1995, tres años después de la colocación de los primeros grupos en la parcela ubicada junto a las Salinas del Matorral, se realiza cada ocho años y conlleva la inspección de más de 8.000 piezas. Este trabajo, que Endesa ha mostrado por primera vez a la sociedad, implica el desmontaje completo de todos los componentes de la Unidad Vapor 1 a fin de revisar todas las piezas, comprobar su estado, sustituirlas en caso de que estén deterioradas y darle a este grupo, de 80 megavatios de potencia, otros ocho años de funcionamiento en perfectas condiciones, según explicó este miércoles Luis Varela, director de Generación de Endesa en Gran Canaria”.
Efectivamente, cuando un grupo de generación eléctrica sufre una revisión de este calado, queda, salvando las distancias, como un grupo salido de fábrica y salvo las posibles limitaciones medioambientales, que habría que tratar, el grupo tiene todos los avales, para cumplir con los requisitos de fiabilidad exigibles, para su correcto funcionamiento.
Entonces ¿dónde está el problema?. Pues el problema, como la mayoría de las veces, se encuentra en el apartado económico. El régimen de retribución adicional contempla una serie de cuestiones entre las que se encuentra la amortización de la inversión en el grupo, que como hemos dicho, es de 25 años y por tanto la administración es reacia a seguir pagando esta sobreretribución, porque sería unos emolumentos extras y salvajemente sobredimensionados.
Desde Salto a la Transición Energética siempre hemos estado a favor de una transición rápida a las renovables, basada en el itinerario que el Instituto Tecnológico de Canarias diseño para el Gobierno anterior y por eso consideramos un error, sustituir los grupos térmicos actuales por grupos nuevos, porque eso hipotecaría nuestro futuro renovable, al menos 25 años más.
Desde el primer momento propusimos alargar la vida de los actuales grupos, comenzando primeramente con una auditoría efectiva, realista y exhaustiva de lo que había, para poder abordar una batería de mantenimientos según las necesidades. Esto juntamente con la instalación acelerada de renovables y bombeos, nos podría llevar a un escenario en el que en el 2040 pudiéramos gozar de un sistema 100% renovable.
En un momento donde los seudomedios nos bombardean con bulos de todo tipo, las administraciones deberían ser más cuidadosas, si cabe, en proporcionar relatos e informaciones ajustados a la realidad y a la verdad.


