Es común en nuestros días oír conceptos tales como “democratización de las renovables”, “autosuficiencia energética”, “soberanía energética”, “energía kilómetro cero” y todos ellos destinados a trasmitir un concepto que es muy atractivo desde el punto de vista del discurso populista pero lamentablemente ineficaz desde el punto de vista tecnológico. La idea central consiste en difundir el mensaje de que con el autoconsumo fotovoltaico sería suficiente para generar la energía que necesitamos en un sistema eléctrico. En otras palabras, si todos los usuarios colocáramos placas fotovoltaicas en nuestros tejados podríamos eliminar las centrales, las subestaciones, las líneas, los transformadores y toda la parafernalia tecnológica que existe hoy en día, porque cada uno generaría lo que necesitara y sus excedentes serían consumidos por los vecinos.
No me negarán lo atractivo del discurso y por lo tanto lo fácil que puede calar en la sociedad, con el peligro de hacer creer en una quimera y por tanto cualquier solución ajena a lo planteado siempre será una solución peor y menos eficiente.
Vayamos por partes.
Si mi vivienda es una vivienda aislada, es perfectamente posible, a día de hoy, montar un sistema con sus módulos fotovoltaicos, su regulador de carga, su inversor y sus baterías, que convenientemente dimensionados y con el apoyo de un sistema auxiliar tipo eólico casero, me podría dar una casi completa autonomía desconectado de la red eléctrica. Para una electrificación de 5.000 vatios y un consumo en torno a los 20.000 Wh/día, estaríamos hablando de unos 12 paneles fotovoltaicos, unas 8 baterías, amén del inversor, regulador de carga y resto de componentes. Esto necesitaría de unos 24 m² de azotea, más el espacio para la instalación interior y la colocación de las baterías.
Si hablamos de un edificio de unas 50 viviendas, por extrapolación, necesitaríamos 600 paneles solares, 400 baterías y una superficie de azotea de alrededor de 1.200 m², sin contar las distancias que habría que aumentar por temas de sombras de unos paneles sobre otros. Además, tendríamos que trazar las oportunas instalaciones de cableados para hacer llegar la generación de cada grupo de paneles a sus respectivas baterías y viviendas.
Obviamente este despliegue es inasumible y a lo que se entiende en la actualidad es a comunidades energéticas sin acumuladores, que lo que pretenden es disminuir la factura de la luz, pero desechando el concepto de autonomía energética. Este concepto necesita necesariamente de la existencia de una red externa potente que pueda asumir los volcados fotovoltaicos y poderlos gestionar adecuadamente.
Llegados a este punto conviene aclarar que la generación fotovoltaica es una generación “no gestionable” dado que se lleva a cabo en función de la cantidad lumínica que nos proporciona el sol. Por tanto, comienza en valores pequeños al amanecer y va aumentando hasta alcanzar su máximo en las horas centrales del día, para luego decrecer hasta el ocaso. Además, se ve alterada por el paso de nubes o sombras reflejadas sobre los paneles productores. Para poder “domesticar” esta no gestionabilidad, solo hay dos formas: o colocar baterías o conectarlas a una red robusta gestionable. El hecho de tener baterías en un edificio creo que queda suficientemente explicado con el enunciado anterior y por tanto, por mucho que nos pese, en la actualidad, no podemos desprendernos de la “red eléctrica” tal y como la conocemos de una manera absoluta e indiscriminada, sino tenemos que reservarlo para aquellos privilegiados, que viven en casas unifamiliares aisladas.
¿Estamos diciendo que la figura del autoconsumo es irrelevante y la tenemos que descartar? En absoluto, el autoconsumo es un fenómeno que ha venido para quedarse y afortunadamente que ha sido así. La regulación que ha llevado a cabo el gobierno en el RD 244/2019 de 5 de abril, aunque mejorable, ha sido un espaldarazo a permitir que el ciudadano de a pie participe y se beneficie de toda la transición energética en la que estamos inmersos. Este autoconsumo y la participación ciudadana será crucial en la penetración de renovables y para muestra un botón: de los cerca de 4.000 MW que se prevén de instalación de renovables en Gran Canaria, 500 MW serán aportados por el autoconsumo.
Lo único que decimos es que la excelente noticia que ha sido la incipiente llegada del autoconsumo, debe ir aparejada con una red de transporte y distribución, necesariamente robusta.
Por eso, en mi modesta manera de entender la cuestión, deberíamos tener cuidado con los discursos que planeamos, porque se podría pensar que algunos abogan por la famosa “soberanía energética” solo para el sector de la población pudiente que se puede permitir vivir en una casa aislada.


