El gran olvidado

Todas las declaraciones que hemos oído al gobierno actual en cuanto a transición ecológica están referenciadas al sistema eléctrico y pareciera que con hacer renovable este ámbito, ya conseguiremos eliminar la emisión de gases de efecto invernadero en las islas. Al hilo de esta reflexión, nos gustaría recordar que, según los últimos datos publicados de emisiones en el archipiélago, estas ascienden a la friolera de 12.698 Gg CO2-eq, de las cuales 4.572 Gg CO2-eq corresponden a las centrales térmicas de las islas, lo que supone el 36% del total. Nadie duda de que hay que eliminar esta lacra, pero es que hay que hacer lo mismo con el 64% restante, que también son emisiones dañinas y que también contribuyen al cambio climático antropogénico.

Electrificar la economía, partiendo de un sistema eléctrico 100% renovable, está muy bien, pero no es suficiente, necesitamos algo más y ese algo más pasa necesariamente por ser un vector energético que sea capaz de proveernos de los medios necesarios para proporcionarnos la energía que necesitan sectores que no puede suministrar la electricidad.

Necesitamos combustibles para el transporte terrestre, marítimo y aéreo que sean respetuosos con el medio ambiente. Necesitamos pilas de combustibles que sean capaces de proporcionarnos la energía necesaria en los procesos de calor y frio y que no dañen al medio. Necesitamos electrificar zonas alejadas y distantes donde la red eléctrica sea muy difícil de hacer llegar. Necesitamos tecnologías de respaldo para esos sistemas eléctricos 100% renovables que mantengan las características de energías no contaminantes. Necesitamos tecnologías de almacenamiento energético de segunda hornada que complementen a las centrales hidroeléctricas reversibles. Necesitamos, en definitiva, la piedra filosofal que nos de la luz en este túnel de emisiones contaminantes y dañinas para el planeta, más allá de las tecnologías renovables procedentes del sol y del viento.

Hoy por hoy, con la tecnología existente, solo podemos vislumbrar una solución a nuestros problemas y se llama hidrógeno verde. Efectivamente, el hidrógeno verde es un compuesto que se obtiene mediante la hidrólisis del agua siempre y cuando el aporte eléctrico provenga de energías renovables. El mismo puede ser usado como combustible, pero también, haciéndolo reaccionar con CO2 capturado de la atmosfera, se pueden conseguir combustibles sintéticos, con balances neutros en emisiones, tales como el amoniaco sintético, como combustible para los barcos, el queroseno sintético, como combustible para los aviones, gasoil y gasolinas sintéticas para el transporte terrestre, metano sintético para alimentar grupos térmicos, pilas de combustibles para alimentar zonas alejadas o procesos de frio y calor, etc.

Sabemos que la utilización del hidrógeno verde en nuestras economías es un proceso en ciernes, pero también sabemos que es un proceso por el que se están realizando apuestas muy decididas. Así, por ejemplo, tenemos en estos días el anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha dado a conocer en el Congreso cuatro programas de ayudas de 2.300 millones de euros para “para acelerar la transición energética en ámbitos como el hidrógeno verde, la cadena de valor de las energías renovables, un nuevo impulso a las comunidades energéticas y un nuevo programa de apoyo a las renovables en la agricultura, las infraestructuras, y los barrios y pueblos”. Algo más de la mitad del dinero (1.200 millones) irá a parar a proyectos de producción y consumo de hidrógeno renovable en clústeres o valles de hidrógeno renovable.

Por esta razón llama poderosamente la atención que el gobierno de Canarias no de pasos en este sentido, bien con proyectos nuevos o bien apoyando los pocos que existen como pueda ser el caso del que esta desarrollando el Instituto Tecnológico de Canarias. Eso sí, en un ejercicio de cinismo político, se permiten bonificar en la petición de grupos de emergencia con el planteamiento siguiente: “Se valorará el uso de combustibles con un menor impacto contaminante para el medio ambiente y la salud de las personas”. Pero es que además en el proceso de concurrencia competitiva se puede leer: “En el territorio no peninsular de Canarias, para las solicitudes de nuevos grupos de generación, o nuevas inversiones que culminen con la inscripción de un nuevo grupo en el registro administrativo de instalaciones de producción de energía eléctrica, se considerará como criterio necesario la capacidad de poder emplear un porcentaje mínimo del 5% de combustibles de origen renovable desde su entrada en operación”, para acto seguido añadir: “siempre que exista disponibilidad local de combustible renovable en dicho territorio no peninsular”.

Está claro que, en los diferentes ámbitos de la vida, la voluntad, es vital y en el ámbito político aún más si cabe. Es por eso por lo que, al menos nosotros, no terminamos de percibir esa voluntad decidida de llevar a buen puerto la lucha contra las emisiones contaminantes. Primero por ver lo que cuesta comprometerse con el 2040 como fecha límite para culminar el proceso y segundo por no atender adecuadamente el ámbito del hidrógeno verde, que se nos antoja como algo troncal en ese proceso.

Artículo anterior
Artículo siguiente
RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
Google search engine

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

COMENTARIOS RECIENTES