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El Gas es verde

El pasado miércoles seis de julio la Eurocámara ha avalado que las inversiones en nucleares y en gas natural sean consideradas verdes. A favor de este aval votaron las derechas europeas, es decir, la mayoría de los populares, liberales, ultraconservadores y extrema derecha. En cuanto a los españoles dieron su visto bueno el PP, VOX, Ciudadanos y PNV.

De esta votación se pueden sacar unas cuantas consecuencias.

En primer lugar, que la derecha europea, debidamente estimulada, es capaz de retorcer el lenguaje hasta límites inconcebibles. Se conoce como energías verdes las fuentes de energía renovables, inagotables o que pueden regenerarse por medios naturales. Además, son energías limpias, que no contaminan y cuyo uso no implica un deterioro del medio ambiente. Por otro lado, el gas natural es un combustible fósil que al quemarse emite grandes cantidades de CO₂. Además, los escapes que se producen en los pozos de extracción producen un fuerte impacto ambiental, ya que el metano equivale a 23 veces el efecto invernadero de este CO₂. Por todo ello se puede concluir, con facilidad, que las bondades del gas natural pueden ser las que se quieran vender, pero desde luego el ser energía verde no es una de ellas.

En segundo lugar, con el resultado de esta votación y la noticia de que el Tribunal Supremo de EE.UU. bloquea la lucha contra el cambio climático, todo parece indicar que los sistemas democráticos occidentales tiran la toalla para plantarle cara al cambio climático antropomórfico, y que vamos a resolver nuestros problemas coyunturales del momento actual y dejamos que las generaciones venideras busquen las salidas que puedan a los problemas que les dejamos, aunque estos sean la propia supervivencia como especie. Una vez más, lo urgente se antepone a lo importante.

En tercer lugar, pierde toda credibilidad el eximente que nos intentan vender de que el gas natural es un combustible de transición, porque al menos en España tenemos que algunos componentes de estas instalaciones tienen una vida regulatoria de 50 años. Si a esto le añadimos las normativas internacionales que ha firmado Europa acerca del lucro cesante de determinadas empresas, tenemos el caldo de cultivo perfecto, para que cuando llegue 2050, tengamos una votación similar, donde el CO₂ emitido en las instalaciones de gas no sea considerado como emisiones de efecto invernadero.

Corren malos momentos para los que estamos concienciados con los problemas que va a acarrear el cambio climático creado por el hombre, corren malos momentos para las generaciones venideras, corren malos momentos para la credibilidad de las instituciones en general y las europeas en particular, porque en definitiva, se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que el futuro de la raza humana se está ensombreciendo a marchas forzadas y sin visos de que esta circunstancia pueda cambiar.


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