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PROBLEMAS DEL SISTEMA ELÉCTRICO DE CANARIAS. INTRODUCCIÓN

El sector eléctrico y su eficiencia es uno de los mayores retos que se tiene que plantear una sociedad madura y desarrollada puesto que en la mayoría de ocasiones, la solución no pasa por tener más o menos recursos, sino por gestionar de manera más eficiente los ya disponibles. Esa necesaria gestión eficiente, viene dada por dos cuestiones primordiales: en primer lugar, la económica, para que el desarrollo energético no acabe provocando un verdadero derroche financiero a quien tenga que costearlo; y en segundo lugar, la medioambiental, para reducir al máximo el impacto sobre la naturaleza y el medio natural que nos rodea.

Uno de los mejores ejemplos de la falta de eficiencia en el sector eléctrico es el caso canario. Un archipiélago que, por su propia idiosincrasia, históricamente ha generado un modelo energético que le ha creado no solo una merecida crítica por la dependencia del resto de España, sino también la permanencia en unas dinámicas obsoletas y nada sostenibles.

Los problemas del modelo energético de Canarias en general y de su sistema eléctrico en particular, se resumen en cuatro factores: el aislamiento geográfico del propio archipiélago, la excesiva dependencia del petróleo y los sobrecostes económicos y medioambientales que genera.

A partir de las próximas entregas iremos desarrollando estos aspectos de una manera somera y simplificada porque cualquiera de ellos nos daría para hablar largo y tendido.

PROBLEMAS DEL SISTEMA ELÉCTRICO DE CANARIAS. AISLAMIENTO GEOGRÁFICO.

El mayor problema al que se enfrenta el sistema eléctrico de Canarias es su aislamiento geográfico, puesto que dista más de 1.000 kilómetros de la Península, una distancia que se torna insalvable en todos los sentidos. Y es que, así como el resto de las comunidades autónomas pueden aprovecharse de la unión territorial a nivel nacional para compartir infraestructuras y conexiones, las islas son prácticamente un oasis aislado que depende de sí mismo. Para mayor inri, el sistema eléctrico canario como tal no existe, pues en realidad existen seis subsistemas (dos de las islas, Fuerteventura y Lanzarote, están conectadas entre sí), que están eléctricamente aislados y que son de un tamaño muy pequeño comparados con el peninsular.

La consecuencia de esta falta de conexión es tan evidente como gravosa. Cada isla del archipiélago necesita implementar una red equivalente a la nacional en cuanto a infraestructuras y producción de energía, con la multiplicación de esfuerzos y estructuras que ello conlleva. Estas pequeñas dimensiones hacen que estos sistemas sean menos estables y seguros que los grandes sistemas interconectados en los que es posible garantizar el suministro ante picos de demanda o ante determinadas situaciones de falta de generación, como puede ser la escasez de viento en algunos momentos para la producción de energía eólica o por fallos e indisponibilidades de elementos de la red.

PROBLEMAS DEL SISTEMA ELÉCTRICO DE CANARIAS. LA DEPENDENCIA DEL PETROLEO.

La dependencia del petróleo es otro de los grandes problemas del archipiélago, la energía eléctrica en Canarias se generó en el 2020 con un 83% de productos fósiles derivados del petróleo y solo un 17% de energías renovables, lo que se traduce en un sistema eléctrico muy dependiente del exterior, contaminante y muy caro. Es evidente que con este grado de dependencia del petróleo y con el hecho de que Canarias no posee este recurso natural, la seguridad energética se ve penalizada enormemente y esto se refleja muy a las claras, al comprobar un balance de energía primaria en el archipiélago tal y como se muestra en la tabla adjunta, extraída del Anuario Energético de Canarias del Año 2020. Se observa que la producción interior representa una parte muy reducida de la energía primaria, siendo dicha cifra la aportación conjunta de todas las energías renovables en el Archipiélago (eólica, fotovoltaica, solar térmica, hidroeólica, minihidráulica y biogás de vertedero). Subordinada a las condiciones meteorológicas, su aportación total está prácticamente paralizada desde hace años situándose en torno al 4 % en el año 2020.

No cabe duda que esta dependencia de los combustibles fósiles crea una debilidad manifiesta de nuestra economía con respecto a los vaivenes de la geopolítica exterior, creando demasiadas incertidumbres, para un territorio que hay que importarlo casi todo y en el que el aspecto energético es clave con respecto al desarrollo económico de una economía occidental y del primer mundo.

Recientemente hemos podido comprobar como desde el ejecutivo canario se han dado pasos en el sentido de sentar las bases de un cambio de paradigma al crear una estrategia de descarbonización del archipiélago para el año 2040, que entre otras cosas, permitiría una mayor independencia energética, pero sobre estas buenas noticias, se vuelven a cernir los nubarrones de la introducción del gas natural como combustible para nuestras centrales eléctricas, dejando en un segundo término, la tan ansiada descarbonización.

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