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Bombeos e hidrógeno

El hidrógeno es un vector energético con múltiples aplicaciones y propiedades que está llamado a ser uno de los ejes fundamentales de los procesos energéticos del futuro. Se puede usar directamente como combustible para el transporte terrestre, para la generación eléctrica o como pilas de combustibles para generar energía y calor de manera autónoma. También puede ser usado como base para conseguir otros combustibles ecológicos como puedan ser el amoniaco para el transporte marítimo o el queroseno sintético para el transporte aéreo.

Este elemento es muy abundante en la naturaleza pero no se encuentra de manera aislada sino en combinación con otros elementos. Así, por ejemplo, se encuentra formando parte de los hidrocarburos que contienen los combustibles fósiles en cadenas más o menos complejas o en cadenas simples como el caso del agua en su archiconocida fórmula de H2O.

El hidrógeno procedente de hidrocarburos se viene utilizando en la industria química desde tiempos inmemoriales, pero es el que se obtiene mediante la hidrólisis del agua el que está cogiendo una inusitada relevancia. Efectivamente, si aplicamos electricidad a la molécula del agua obtenemos hidrógeno y oxígeno, pero para que este proceso sea completamente valioso, la electricidad aplicada debe proceder de fuentes renovables con lo que el hidrógeno obtenido recibe el calificativo de hidrógeno verde. Pues bien, es este hidrógeno verde el que se postula como el eje vertebrador de todos los procesos descarbonizadores de la economía de tiempos venideros.

Obviamente para que un proceso industrial pueda obtener hidrógeno verde, toda, absolutamente toda la electricidad utilizada debería ser renovable y esto solo es factible mediante dos supuestos. El primero es que las fuentes renovables estén conectadas directamente, mediante un circuito cerrado, a los electrolizadores, con lo que de alguna manera estas fuentes tienen como único cliente este proceso. El segundo supuesto es que los electrolizadores estén conectados a un sistema eléctrico, pero no a cualquier sistema sino a uno que sea 100% renovable, quedando excluidos aquellos que tengan aportación no renovable a su generación, es decir queda excluida cualquier aportación mediante combustibles fósiles.

En el estudio del ITC sobre la descarbonización de Canarias en el 2040, aboga por el uso intensivo del hidrógeno verde como un producto obtenido de los excedentes de la generación renovable que no puedan ser utilizados para satisfacer la demanda del sistema y por tanto que adapte su producción a los vaivenes tanto de la demanda como de la generación renovable. Por tanto los electrolizadores deberán de estar conectados al sistema insular de cada isla y por tanto estos sistemas deberán de ser 100% renovables para que ese hidrógeno pueda tener el calificativo de verde.

Dicho lo anterior las voces que abogan por actualizar las centrales con grupos más pequeños, pero manteniendo su origen fósil, pierden toda su justificación si se pretende utilizar hidrógeno verde, y por tanto, solo se puede recurrir a una alternativa plausible para el futuro de nuestra generación eléctrica, las centrales hidroeléctricas reversibles de bombeo puro.

Hoy en día solo podemos conseguir sistemas 100% renovables que permitan la obtención de hidrógeno verde integrado en esos sistemas, mediante los bombeos, que pasan a aportar la tan necesaria gestionabilidad, capacidad de acumulación, generación tipo A, seguridad del sistema y estabilidad del mismo. No existe, con la tecnología actual, ningún dispositivo que pueda aportar todas estas características tan necesarias para conseguir erradicar de nuestra generación eléctrica los combustibles fósiles.

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