Es muy de agradecer que cuando alguien desecha una iniciativa explique cuál es la razón y a continuación plantee cual es la alternativa. En el caso de la lucha contra el Cambio Climático Antropogénico el argumento planteado es más agónico si cabe, dado que la urgencia e irreversibilidad de lo que ya está ocurriendo, el plantear que se va a estudiar una solución, no está dentro de lo aceptable.
Efectivamente, descartar la hoja de ruta que el Gobierno de Canarias saliente había trazado con el PTECan y sus estrategias y fiarlo todo a una alternativa a estudiar en un futuro no definido, es de una irresponsabilidad tal, que no puede ser ni siquiera contemplado. Por eso es de agradecer cuando se hacen planteamientos alternativos, aunque solo estén compuestos de un párrafo al estilo: “Se propone como alternativa al modelo presentado un sistema distribuido de autoconsumo y de sistemas hibridados con baterías y centrales térmicas flexibles que operen con hidrógeno”.
A falta de un estudio exhaustivo como el realizado con las estrategias del PTECan, donde en más de un millar de páginas se desglosa todo lo planteado, intentaremos analizar lo expresado en 26 palabras, intentando encontrarle un sentido técnico más allá de un eslogan populista.
Un “sistema distribuido de autoconsumo” es la única posibilidad de autoconsumo posible, porque se entiende que no se va a centralizar en una sola azotea el montante de placas necesarias. Por lo tanto, ya estamos ante una “hipérbole narrativa” para darle más empaque a algo que no lo tiene y por lo tanto se debería quedar en “un sistema de autoconsumo” a secas.
Lo primero que tendrían que haber hecho los defensores de este planteamiento es valorar la generación posible que se pudiera obtener de este “sistema de autoconsumo” y no se hace porque aparte de valoraciones más o menos ocurrentes, obtener este dato es prácticamente imposible. A día de hoy y que nosotros sepamos, solo existe un estudio con el suficiente rigor científico y que es el desarrollado por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), estudio precisamente desarrollado por la estrategia de autoconsumo del denostado PTECan. Para este estudio “se ha contado con información catastral y un Modelo Digital de Terreno (MDT) de alta resolución (0.5×0.5 metros), generado por el ITC mediante el uso de datos LIDAR disponibles en el Sistema de Información sobre Ocupación del Suelo de España (SIOSE). Además, se hizo uso también de series temporales horarias de radiación solar, temperatura y velocidad del viento (mallado de 250×250 metros), que junto con los datos cartográficos extraídos del MDT (por ejemplo, orientación e inclinación) permitieron el desarrollo de balances energéticos horarios para años tipo en todas las referencias catastrales de Canarias”.
Según el estudio indicado en una isla como Gran Canaria la superficie de cubiertas proclives a instalar placas fotovoltaicas sería de 37.271.153 metros cuadrados, lo que, si se aprovechara hasta el último centímetro, se podrían instalar 3.691 MW. Esto supondría que se tendría que obligar a cada propietario a instalar placas más allá de sus necesidades particulares. El estudio va más allá y plantea un dimensionamiento por “cobertura de demanda” llegando a la conclusión de que lo óptimo sería instalar 484 MW. Estos 484 MW nos darían una producción anual del orden de 847.968 MWh. Para tomar una referencia La isla de Gran Canaria necesitó 3.340.886 MWh en el año 2020 lo que indica que podríamos cubrir con autoconsumo el 25% de las necesidades, asumiendo que no se produzcan vertidos, es decir, que todo lo que se produzca en las placas se consume instantáneamente o se almacena en las baterías.
Sin entrar en consideraciones de gestionabilidad, reserva rodante, estabilidades dinámicas y todo lo que conlleva el funcionamiento de un sistema eléctrico seguro y estable, ya podemos anticipar que tan solo con autoconsumo no se cubren las necesidades.
Por otro lado, se alude a “centrales térmicas flexibles que operen con hidrógeno” y aquí encontramos la segunda hipérbole, porque todas las centrales térmicas por su propia definición son flexibles, porque tienen que ajustar en todo momento las variaciones de la demanda. Aparte de la hipérbole señalada, tenemos que indicar un déficit muy importante en un adjetivo y que no es otro que el del hidrógeno, que para contribuir a la descarbonización debe ser necesariamente “verde”. Efectivamente, si estamos diseñando un sistema para descarbonizar nuestra generación el hidrógeno a utilizar no puede ser un hidrógeno cualquiera, necesariamente debe de ser verde y para conseguir esto, el método a aplicar para su obtención debe de ser la electrólisis del agua, alimentada con electricidad renovable.
Pero he aquí que tenemos un grave problema. La obtención de este hidrógeno verde a día de hoy es un proceso muy costoso e ineficiente. Para obtener 1 MW en una turbina de hidrógeno hace falta gastar más de 10 MW de generación renovable. Como se podrá entender este proceso es altamente ineficiente y es inaceptable desde el punto de vista económico y solo se podría justificar si la energía renovable destinada a este proceso, fuera la que se iba a perder por cuestiones de vertidos, al tener un dimensionamiento de esta por encima de las necesidades del sistema eléctrico que abastece.
Si nosotros tenemos que alimentar una demanda de 1 MW permanentemente que necesita 8.760 MWh en un año, no podemos poner unas placas de 1 MW, porque necesitamos un extra para alimentar las baterías y porque habrá momentos del día donde debido a nubes baje la producción. Pues bien, si nosotros dimensionamos las placas a 5 MW y aplicamos el factor de capacidad, podemos observar que alcanzamos lo necesario, pero ahora tenemos el problema de que cuando tengamos las placas a pleno rendimiento y las baterías cargadas, tendremos que desechar buena parte de la producción. Es ese desecho el que tiene sentido utilizarlo para generar hidrógeno verde.
Con todo lo comentado, aplicando el sentido común y sin entrar en detalles excesivamente técnicos y complejos, se puede ver claramente lo fácil que es desmontar un discurso populista, que puede sonar bien a los oídos de personas poco versadas en estos temas, pero que denotan una irresponsabilidad suprema en aquellos que los esgrimen.


