Debido a nuestra insularidad y lejanía, la mayor parte de los turistas que nos visitan usan el avión para trasladarse desde sus lugares de origen a Canarias. Hablamos de 15 millones de turistas al año. Y el uso del avión en la actividad turística canaria es tan intenso que la quema de un combustible muy contaminante como el queroseno por parte de los aviones, puede alcanzar el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, si las encuadráramos en la emisión de las islas, aunque como sabemos esto del calentamiento global es un fenómeno global.
Cada cierto tiempo, en el archipiélago sufrimos crisis cíclicas de la actividad turística. La mayor parte de las veces estas crisis forman parte de la normalidad del sistema económico en que vivimos, que tendrá sus ventajas, pero la estabilidad no es una de ellas. Tenemos tan interiorizadas estas crisis continuas, que una vez superadas, pese al sufrimiento que provocan, nos olvidamos rápidamente de que las hemos pasado. Pues bien, a estas oscilaciones se le suma ahora otra amenaza, que es la que se deriva de las medidas que se intentan implementar las autoridades europeas y nacionales para afrontar el calentamiento global.
No estamos de acuerdo ni mucho menos con todas las medidas que se plantean desde la Comisión Europea en la lucha contra el cambio climático, en muchas de ellas se hace visible la presión de los lobbies energéticos, incluso rusos, para intentar no avanzar en esta lucha. Por ejemplo, conviene no olvidar la etiquetación del gas natural como energía verde, o la consagración de una forma de calcular el precio de la luz eléctrica, la subasta marginalista, que nos convierte a todos los ciudadanos europeos en damnificados frente a los privilegios de las grandes compañías eléctricas. Sin embargo, con la implantación de la tasa sobre los vuelos, más allá de lo que nos pueda afectar directamente a Canarias, la Comisión Europea vuelve a recordarnos, paradójicamente, el porqué es considerada una de las instancias a nivel mundial más avanzadas en la lucha contra el calentamiento global.
Evitar la quema de queroseno por parte de los aviones es prioritario en esta batalla. El objetivo del gravamen, según señala el documento enviado a Bruselas, es «el fomento del uso de medios de transporte más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente», así como incentivar «la exploración de nuevas tecnologías y carburantes menos contaminantes». No podríamos estar más de acuerdo con este planteamiento.
Pero por otro lado, no se nos esconde la dependencia de nuestra economía de la actividad turística, actualmente sería muy complicado renunciar a esas entradas de rentas del exterior, que provienen de nuestros visitantes de la Península y de otros países. Aunque tampoco conviene olvidar cuántas veces hemos hablado de la necesidad de diversificar nuestro modelo productivo, y disminuir el peso relativo del sector turístico, sin llegar nunca a ninguna concreción. Pues bien, la amenaza de esta tasa ecológica sobre el tráfico aéreo, que podría encarecer una media de más de 40 euros por traslado a nuestros turistas, podría convertirse en una oportunidad para llevar a cabo algunos cambios.
Si bien no sorprende la oposición en contra de la tasa desde el principio de los empresarios, pues por su papel en la actividad económica son la instancia que más rápidamente detecta cualquier elemento que pueda amenazar un estado de cosas favorable a sus negocios, en el caso del Gobierno canario sorprende cómo, a la primera, olvida rápidamente su supuesto firme compromiso con el medio ambiente, al pretender obstaculizar una medida como ésta, limitando su respuesta a una compensación, a todas luces insuficiente, de crear sumideros de CO₂ tales como reforestaciones. Para ponerse la etiqueta de gobierno medioambientalista en los tiempos que corren, no basta con desarrollar una tupida red de normativas sobre el medio ambiente y unas estrategias detalladas de cómo llevar a cabo la transición, y prometer un adelanto al 2040 en los plazos de la descarbonización.
La postura del Gobierno canario al exigir la excepcionalidad en la aplicación de la tasa y ofrecer sólo como compensación el desarrollo de sumideros de CO₂, nos parece estática y evasiva, no corresponde a un Gobierno que presume de compromiso en la lucha contra el calentamiento global. Ante esta postura, defendemos otra distinta, que es no pedir una excepcionalidad, sino un COMPÁS DE ESPERA EN SU APLICACIÓN, y que este aplazamiento esté SUJETO A UNAS CONDICIONES DINÁMICAS QUE PERSIGAN EL MISMO OBJETIVO QUE PERSIGUE LA TASA ECOLÓGICA de lograr medios de transporte sostenibles y carburantes menos dañinos con el medio ambiente.
Tenemos claro que el funcionamiento futuro de los aviones es con combustibles sintéticos, y para su fabricación, necesitamos hidrógeno verde. Para lograr este elemento en Canarias tendremos que disponer de una potencia de renovables instalada que nos provoque un excedente sobre las necesidades del suministro. Y esto coincide con nuestras aspiraciones de llevar a cabo una transición acelerada.
El compromiso de un gobierno defensor del medio ambiente, como dice ser el canario, debería ser algo mayor que la creación de sumideros de CO₂, (para contrarrestar un aplazamiento de la aplicación de la tasa). Como mínimo debería presentar un cronograma más detallado que lo que se indica en las actuales estrategias, con hitos concretos y definidos, que nos permita conseguir una penetración de renovables óptima para la descarbonización del sector eléctrico y que además nos garantice una producción de hidrógeno suficiente para descarbonizar otros sectores como es el caso del tráfico aéreo.
La contrapartida para conseguir un aplazamiento de la tasa aérea no solo debe de ser creíble para con los demás, sino honesta con nosotros mismos, en la lucha contra el cambio climático.


