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Explicación técnica

Existe un principio físico que dice que “La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma” y esto también es aplicable a los sistemas eléctricos.

Cuando alguien enciende una bombilla de 100 vatios, en ese mismo instante, en algún otro sitio del sistema eléctrico, alguien comienza a producir 100 vatios más. De igual forma, si ponemos en marcha un secador de pelo que consume 1.000 vatios, en ese mismo momento, alguien comenzará a producir 1.000 vatios. Esto, que en el argot se denomina estabilidad dinámica, supone que, en cada momento, dentro de un sistema eléctrico, existe un equilibrio entre la generación y la demanda del mismo. Lamentablemente, para nuestra comodidad tecnológica es así, porque no tenemos, a día de hoy, ningún sistema que nos permita acumular grandes cantidades de energía durante periodos prolongados de tiempo.

Naturalmente, para que el proceso anterior se pueda producir y dado que el consumo del usuario final es bastante errático, lo más idóneo, hasta ahora, ha sido tener una generación que se pueda adaptar en cada momento a las variaciones de la demanda, es decir, una generación gestionable. Pero no es necesario que el 100% de la generación sea gestionable. En principio, con tener un porcentaje que nos garantice esa gestionabilidad, sería suficiente. Por desarrollos teóricos y empíricos se ha concluido que, en la situación actual, ese porcentaje está situado en el 50%.

Pero si en la actualidad, tenemos una gestionabilidad del 100% y los sistemas eléctricos funcionan relativamente bien, ¿por qué complicarnos la vida?. Pues precisamente porque esa gestionabilidad se consigue a base de generadores que consumen combustibles fósiles, y estos, al quemarse, producen ingentes emisiones de gases de efecto invernadero, que son los principales causantes del cambio climático antropogénico y que amenaza la existencia misma de la vida en este planeta tal y como la conocemos.

Por esa razón, necesitamos alternativas a esta forma de generar electricidad, y las más desarrolladas, económicas y factibles en la actualidad, son la eólica y la fotovoltaica, que generan electricidad a partir del viento y del sol, respectivamente. Pero he aquí que el sol y el viento tienen una esencia incontrolable muy marcada y, por tanto, también la energía que producen, es decir, generación no gestionable.

En un sistema eléctrico como el de Gran Canaria, donde tenemos una punta en torno a 500 MW y un valle en torno a los 300 MW, nuestras posibilidades de introducir al sistema las renovables sería una horquilla entre 250 y 150 MW, respectivamente. Esta cantidad, a todas luces insuficiente, tendría en cada momento el problema añadido que, si se diera el caso de que se va a superar el 50% comentado, el excedente habría que desperdiciarlo.

En estas condiciones, y si además aspiramos a tener sistemas 100% renovables, necesitamos algún elemento más para componer nuestro puzle eléctrico. Afortunadamente, tenemos una tecnología que nos puede servir, y que, no siendo la solución óptima, ni posiblemente la definitiva, sí es la mejor que tenemos en estos momentos. Y dado que la minoración de los gases de efecto invernadero la deberíamos haber comenzado hace mucho tiempo atrás, no podemos esperar a posibles transiciones, ni a posibles desarrollos tecnológicos futuros, necesitamos dar respuestas reales ya, y por eso necesitamos utilizar esa tecnología sin demora. Esa tecnología no es otra sino las centrales hidroeléctricas reversibles de bombeo puro, lo que coloquialmente se ha denominado “bombeos”. Pero no bombeos testimoniales o individuales, necesitamos tanta cantidad de estas instalaciones como sean posible tecnológicamente hablando.

Recientemente el Instituto Tecnológico de Canarias ha presentado diferentes estrategias para la descarbonización de Canarias y una de ellas trata de los almacenamientos y por tanto de los bombeos, enumerando una cincuentena de ellos para toda Canarias, y concretamente 13 bombeos para Gran Canaria y hasta 19 para Tenerife, amén de los del resto de las islas.

Nosotros estamos convencidos de que, si queremos una penetración de renovables del entorno de 4.000 MW para las islas mayores, que nos permita una generación eléctrica sostenible y un excedente suficiente para producir hidrógeno verde para abordar la descarbonización total del sistema energético del archipiélago, está bien un “Salto de Chira” o un “Salto de Güímar”, pero no es suficiente. Es absolutamente necesario que acometamos, cuanto antes, la construcción de todos los bombeos necesarios y posibles, tecnológicamente hablando, que nos permita sobrepasar ese 50% lapidario que existe sobre las renovables y que solo sería posible con la intervención de estas instalaciones.


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